Por Víctor Longares Abaiz
Hay películas que parecen sencillas y no lo son. Hay relatos que se disfrazan de cuento infantil para decir las verdades que el mundo adulto ya no quiere escuchar. E.T. el Extraterrestre es una de ellas. Steven Spielberg sorprendió al mundo entero en 1982 con una película infantil, en apariencia. Sin embargo, leída desde abajo —desde la infancia, desde la clase obrera, desde los excluidos—, E.T. es una parábola profundamente evangélica y liberadora.
Spielberg
reconoció la influencia del Evangelio de San Mateo y su intención de hacer una
película espiritual, después de que varios críticos y teólogos viesen el
paralelismo[1].
Pero aquí vamos a ir más allá. E.T. el Extraterrestre podría funcionar como un
manifiesto cinematográfico de la Teología de la Liberación, esa corriente
marxista y cristiana, perseguida por el capitalismo y los sectores más
reaccionarios de la Iglesia Católica, en la década de 1980. Vamos a desarrollarlo
en 10 puntos, analizando la película desde el concepto de “amor eficaz”, que
creó y predicó el sacerdote y guerrillero colombiano Camilo Torres Restrepo[2].
1.
Una familia obrera rota: el punto de partida
La
historia comienza en una familia sin padre, marcada por la precariedad
emocional y la soledad. Aunque no haya miseria extrema, hay abandono,
desestructuración y fragilidad, realidades muy reconocibles en la clase
obrera de las sociedades capitalistas.
La madre sobrevive como puede. Los niños se crían solos. No hay comunidad que sostenga. Este no es un detalle menor: el Evangelio siempre empieza ahí, en casas frágiles, no en palacios. Y la Teología de la Liberación nos recuerda que Dios se revela en la vida concreta de los pobres, no en abstracciones.
2. El extranjero perseguido: Cristo como “otro”
E.T.
es el otro absoluto: extranjero, inútil para el sistema, improductivo, incomprensible...
Por eso, la reacción del poder es inmediata: control, persecución, encierro,
disección. El Estado, la ciencia sin ética y la autoridad adulta actúan
como un bloque represivo. Aquí es donde aparece con claridad la lectura
cristológica: como Jesús, su Reino no es de este mundo. No puede
integrarse en un sistema que solo valora lo útil, lo rentable y lo controlable.
No hay negociación posible. Solo huida… y denuncia.
3. “Dejad que los niños se acerquen a mí" (Mateo 19, 15-15)
Uno
de los elementos más claros del paralelismo evangélico es este: solo los
niños entienden a E.T. Los adultos no pueden verlo. Cuando creen verlo, ya
lo han convertido en objeto. Elliott se lo explica a su hermana con una frase
que podría estar en cualquier Evangelio apócrifo: “Los adultos no pueden
verlo.” Jesús lo expresa de otro modo: “Dejad que los niños se acerquen
a mí, pues de los que son como ellos es el Reino.” (Mateo 19, 13-15)
La infancia aparece aquí como lugar teológico privilegiado, algo central en la Teología de la Liberación: los últimos, los pequeños, los invisibles… entienden antes el Reino. Es la “opción preferencial por los pobres”, reivindicada por el Papa Francisco.
El
dedo luminoso de E.T. no es un recurso estético: es signo que cura, repara
y devuelve la vida. Su luz hace que la planta seca resucite y que el dedo de
Elliott sane. La vida vuelve donde parecía imposible. No es magia: es amor
encarnado que restaura. Como en el Evangelio, el milagro no busca
espectáculo, sino devolver dignidad y esperanza.
E.T.
no se limita a acompañar a Elliott. La sanación del dedo de Elliott hace que E.T.
comparta la vida del niño y sienta lo que él siente. No es Elliott quien
asciende: es E.T. quien desciende. Eso es encarnación en sentido pleno: Dios
no se impone desde arriba, comparte la fragilidad humana, al hacerse humano.
La Teología de la Liberación insiste en esto: no hay salvación sin encarnación en la historia concreta. No hay salvación si no compartimos el sufrimiento de los débiles y nos salvamos con ellos. Los teólogos de la liberación no son salvadores de los pueblos oprimidos. Se hacen uno más, para salvarse juntos.
Por eso, la sanación del dedo de Elliott cambiará al niño para siempre, como veremos en el punto siguiente.
Aquí
aparece una clave fundamental de la Teología de la Liberación y de Camilo
Torres Restrepo: el amor eficaz. El amor que no se queda en
sentimiento, sino que se convierte en acción transformadora y revolucionaria.
Elliott era un niño miedoso, sin amigos, asocial. Pero participar de la naturaleza de E.T. le da confianza y le lleva a rebelarse contra lo que cree injusto. Esa transformación la representa Spielberg con una escena gamberra y graciosa, cuando el chico decide liberar a las ranas que van a diseccionar los niños en clase. Elliott ha perdido el miedo y tiene el valor de enfrentarse al poder. El niño sin amigos consigue que todos sigan su ejemplo y liberen a las ranas. Como remate de la escena, el niño marginado se lleva el beso de la chica popular de la clase. El amor eficaz es el que transforma internamente, para transformar a los demás y, entre todos, combatir las estructuras injustas. El amor eficaz de la Teología de la Liberación hace que la clase obrera tome conciencia de su situación de injusticia, se una y se rebele contra el poder. Igual que decían Camilo Torres y todos los teóricos de la Teología de la Liberación, la fe en Jesús no puede ser algo abstracto, tiene que comprometer contra la injusticia y el sufrimiento de los débiles.
La
resurrección de E.T. no es solo biológica. Es resurrección histórica. Transforma
a Elliott de niño miedoso en niño valiente, de marginado en líder moral, de
solitario en referente comunitario.
La
escena de las bicicletas no es fantasía infantil: es acto de fe colectivo.
Elliott no manda por fuerza. Manda porque su autoridad nace del amor vivido. Los
otros niños, que antes se metían con él, lo siguen porque confían. Y la fe, literalmente,
los hace volar. No es casual. Es una imagen perfecta del Reino: los
pequeños, unidos, venciendo a un poder injusto.
9.
El Reino no se queda: deja huella
E.T.
no se queda en la Tierra. Al igual que Jesús, se marcha. Los dos se van, pero
los dos dejan memoria, transformación, signos de vida. E.T. se va, pero señala
el corazón de Elliott y le dice: “Yo estaré siempre aquí”. Jesús se
despide de sus discípulos diciendo: “Yo estaré siempre con vosotros” (Mateo
28, 20).
10.
Conclusión: una Teología de la Liberación en clave infantil
En
resumen, E.T. el Extraterrestre puede leerse, con toda legitimidad, como
una parábola de la Teología de la Liberación porque:
- Parte de la vida concreta de una familia obrera.
- Pone en el centro a los pequeños y excluidos.
- Denuncia al poder que oprime y persigue a los débiles.
- Propone un amor encarnado y eficaz.
- Llama a una
fe que transforma la realidad.
[1]
El sacerdote católico Andrew Greeley describió a E.T. como una “figura
cristológica. El jesuita y crítico de cine Richard A. Blake analizó la película
como si fuera una parábola. La historiadora de las religiones Margaret R. Miles
interpretó E.T. como un ejemplo de espiritualidad popular. El investigador de
cine y cultura William Romanowski señaló que la película utiliza símbolos
cristianos, de manera nada casual, por lo que habría una intencionalidad
explícita de Spielberg.
[2] Sobre el P. Camilo Torres Restrepo: https://www.alcarajo.org/2020/07/04/camilo-el-sacerdote-que-dio-la-vida-por-colombia/

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